Una llamada urgente a la transformación, para formar profesionales en agroecología para el desarrollo alimentario sustentable de México.
Por Luis Eugenio Parés Sevilla.
En un mundo convulso, en crisis por eventos hidrometeorológicos, desequilibrios económicos, cadenas de suministro fracturadas y barruntos de guerra global, la urgencia de garantizar la soberanía alimentaria de México obliga a repensar de raíz la formación de profesionales y técnicos en el campo alimentario. Las universidades y escuelas técnicas –cuna de las futuras generaciones de agrónomos, ingenieros de alimentos y tecnólogos– mantienen esquemas académicos desfasados que, si no cambian de inmediato, pondrán en riesgo la capacidad del país para producir y distribuir alimentos sanos, accesibles y culturalmente pertinentes.
- Sembrar conocimiento, cosechar soberanía
- Crédito, justicia y futuro
- Cómo llevar al país hacia la soberanía alimentaria.
- Los ejidos y la soberanía alimentaria.
- Participación ciudadana en huertos urbanos
Tenemos un modelo educativo obsoleto y en jaque.
Durante décadas, los planes de estudio han privilegiado la eficiencia productiva por encima del cuidado del entorno y de las comunidades rurales. El resultado: monocultivos extensivos, dependencia de agroquímicos peligrosos y agotamiento de acuíferos y suelos. La globalización —con sus vaivenes de precios y bloqueos logísticos— ha expuesto la fragilidad de un sistema que importa cada vez más maíz, trigo y soya, mientras descendemos en los índices de seguridad alimentaria.
“La agroecología incluye procedimientos apoyados sobre todo en promover interacciones biológicas y sinergias beneficiosas para los sistemas agrícolas. Es también una ciencia que busca dialogar con el conocimiento de los productores del campo…”
— Mariana Benítez Keinrad, en Gaceta UNAM, 5 de abril de 2021.
Si no modificamos con urgencia estos esquemas, México continuará subordinado a los caprichos del mercado internacional, vulnerando el derecho de sus ciudadanos a decidir sus propias políticas agrícolas y alimentarias.
Una propuesta de transformación basada en cinco pilares esenciales:
- Autonomía cognitiva y creatividad aplicada. Partir de los saberes tradicionales y la experiencia local para fomentar la innovación en agroecología, biotecnologías de bajo costo y gestión de residuos orgánicos.
- Pensamiento crítico y ética del cuidado. Integrar el análisis de impactos sociales y ambientales de los modelos productivos, para educar con una fuerte conciencia ética.
- Aprendizaje colaborativo y enfoque transdisciplinar. Equipos mixtos de agrónomos, ingenieros, economistas y sociólogos que co-creen proyectos con comunidades campesinas e indígenas.
- Relevancia social y vínculo comunitario. Prácticas obligatorias en huertos escolares, cooperativas y empresas sociales para asegurar la aplicación directa del conocimiento.
- Participación democrática y gobernanza estudiantil. Estudiantes en consejos de carrera y comités de reforma curricular, promoviendo el ejercicio temprano de la ciudadanía.
Propuesta de nuevas metodologías para romper el molde.
- Currículos modulares y flexibles, donde un tronco básico de competencias se complemente con módulos optativos elegidos por cada cohorte: agroforestería urbana, semillas criollas o fermentación local, por ejemplo.
- Aulas invertidas, que liberen el tiempo presencial para talleres prácticos en laboratorios, huertos demostrativos y simulaciones de planta de alimentos.
- Evaluación por portafolios y proyectos, donde los exámenes tradicionales cedan paso a la documentación del diseño, ejecución y resultados de iniciativas reales.
- Mentoría personalizada, con docentes-tutores que guíen trayectorias académicas y proyectos de vida profesional.
- Aprendizaje situado, trasladando las aulas a campos comunitarios, laboratorios de biotecnología social y empresas solidarias para enfrentar desafíos genuinos.
Riesgos y obstáculos, cómo sortearlos.
- Resistencia institucional: Crear comités mixtos de reforma con autoridades, docentes innovadores y estudiantes líderes.
- Déficit de recursos: Movilizar fondos públicos–privados para laboratorios móviles y conectividad en zonas rurales.
- Desigualdad regional: Priorizar programas en áreas de alta vulnerabilidad, adaptando metodologías a cada clima y cultura.
- Falta de continuidad política: Incluir la reforma en marcos normativos estatales y federales, con presupuestos etiquetados y rendición de cuentas.
El tiempo es ahora
La soberanía alimentaria no puede esperar. La formación de técnicos y profesionales del campo alimentario es la palanca estratégica para asegurar el derecho de México a producir sus propios alimentos, impulsar economías locales y preservar la biodiversidad.
Las instituciones de nivel medio superior y superior tienen ante sí una oportunidad histórica: convertirse en el motor de una economía social y solidaria que enfrente la incertidumbre global con resiliencia y justicia.
Si fallamos, las futuras generaciones heredarán no sólo un déficit nutricional, sino un estado de dependencia crónica.
Si logramos hacer este cambio, forjaremos una nación más soberana, equitativa, próspera y sustentable.

