La urgencia de una banca social para impulsar la economía solidaria en México.
Autor: Luis Eugenio Parés Sevilla.
Mayo 2025
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Sin crédito no hay justicia: la urgencia de una banca social para México

Fuente: Estimaciones con base en datos de la CNBV y estudios académicos.
En México, tener una buena idea, trabajar la tierra o abrir un negocio no basta. Hace falta dinero. Pero para millones de campesinos, pequeños productores y emprendedores, el crédito es una puerta cerrada. Cerrada con llave, código y guardia de seguridad. Mientras los grandes empresarios acceden a líneas millonarias con tasas blandas, el pequeño productor ni siquiera consigue que lo escuchen.
La banca privada, que domina el sistema financiero mexicano, no fue diseñada para apoyar al que emprende con esfuerzo, sino para maximizar la rentabilidad de sus inversionistas. Esta lógica ha generado un sistema excluyente, injusto y profundamente desigual.
El muro del crédito.
Los bancos exigen garantías que solo los ricos pueden ofrecer. Una propiedad urbana, un ingreso estable, un historial perfecto en el Buró. Pero, ¿y el campesino que quiere mejorar su sistema de riego? ¿Y la joven que quiere montar una panadería en su comunidad? ¿Y el grupo de mujeres que produce mermeladas artesanales? Todos ellos quedan fuera.
Peor aún: el Buró de Crédito, originalmente una herramienta de análisis financiero, se ha convertido en un instrumento de exclusión. Empresas lo utilizan para negar empleos, servicios y créditos, sin transparencia ni regulación. El historial pesa más que el proyecto, más que el esfuerzo, más que la viabilidad económica.
Las cooperativas y PyMEs, el corazón sin sangre.
Las pequeñas y medianas empresas generan el 70% del empleo formal en México. Sin embargo, menos del 20% tiene acceso a financiamiento bancario. La mayoría sobrevive a crédito informal, con intereses abusivos, o simplemente muere al poco tiempo de nacer.
Esto no solo es injusto, es absurdo. Si el país quiere crecer desde abajo, necesita apoyar a quienes ya están trabajando, invirtiendo y generando empleo. No se trata de subsidios ni caridad, sino de justicia económica.
El campo social, la gran deuda.
En el sector rural, la situación es todavía más grave. Miles de ejidos y comunidades producen sin maquinaria, sin fertilizantes, sin riego tecnificado. No por falta de voluntad, sino por falta de crédito. La banca privada no presta al campo. Lo ve como un riesgo. Pero sin apoyo, el campo no produce. Y sin campo, no hay soberanía alimentaria.
El abandono financiero ha empujado a millones a dejar la tierra. Ha debilitado la producción nacional y ha aumentado la dependencia de importaciones. Hoy, México importa más de lo que consume, no porque no pueda producir, sino porque no se le ha dado la oportunidad.
Banca social: una vía necesaria.
Lo que México necesita es una banca social. Un sistema financiero público, transparente, eficiente y con enfoque social. Una institución que entienda la lógica de la economía solidaria, que invierta en personas, no solo en balances.
Una banca que ofrezca créditos justos, con tasas razonables, con periodos de gracia, con asesoría técnica. Que priorice proyectos con impacto local, que impulse la agroecología, las cooperativas, los mercados comunitarios. Que entienda que el desarrollo no se mide solo en cifras, sino en bienestar.
Cómo revertir el daño.
La exclusión financiera ha causado un daño profundo: desigualdad, pobreza, informalidad y dependencia. Revertirlo implica:
– Cambiar la lógica del crédito: de la rentabilidad al desarrollo.
– Crear sistemas de garantía alternativos: avales solidarios, historial productivo, activos no tradicionales.
– Regular el Buró de Crédito: y sancionar su mal uso.
– Acompañar al productor y al emprendedor: no soltar el dinero y desaparecer, sino caminar junto a ellos.
– Invertir desde lo público en lo comunitario: no más rescates bancarios, sino financiamiento para quienes hacen país.
No habrá cambios sin una economía incluyente.
Una economía social y solidaria no es un sueño. Es una necesidad. Y empieza con el acceso justo al crédito. Si no se financia a los que producen, a los que emprenden, a los que cuidan la tierra y a los que generan empleo, no habrá desarrollo posible.
El crédito no debe ser un privilegio, debe ser un derecho. Un país que no invierte en su gente está condenado a depender siempre de los de afuera. México puede y debe construir un sistema financiero que incluya, que impulse, que transforme. Porque sin crédito, no hay equidad y sin equidad no hay justicia.
